Sergio Fernández
Sphere España
Integrar la circularidad en la estrategia empresarial permite aprovechar mejor los materiales, reducir ineficiencias y generar nuevos modelos de colaboración. Pero cerrar realmente el ciclo exige actuar desde el diseño y trabajar con toda la cadena de valor.
Durante años, la economía circular se ha asociado principalmente al reciclaje y a la gestión de residuos. Sin embargo, su verdadero potencial empresarial empieza mucho antes del contenedor: en el diseño de los productos, la selección de materias primas, la eficiencia de los procesos y la planificación de su fin de vida.
Un residuo no es únicamente algo que debe gestionarse al final del proceso. También puede revelar un uso ineficiente de materiales, una oportunidad de rediseño o, cuando reúne las condiciones técnicas necesarias, convertirse en materia prima para un nuevo producto.
Por eso, la economía circular debe entenderse como una estrategia empresarial transversal, integrada en áreas como diseño, compras, producción, calidad, logística y gestión de residuos.
Antes de invertir o modificar un producto, la empresa necesita comprender cómo utiliza sus recursos. ¿Qué materiales entran en el proceso? ¿Dónde se generan pérdidas? ¿Qué residuos mantienen valor? ¿Pueden reincorporarse al ciclo productivo?
Medir estos flujos permite identificar oportunidades concretas. En ocasiones, la mejora no requiere sustituir completamente un material, sino optimizar un formato, reducir su espesor sin comprometer prestaciones, evitar mermas o introducir progresivamente materia prima reciclada.
Tampoco existe un único material válido para todas las aplicaciones. Cada producto requiere analizar sus prestaciones, seguridad, durabilidad, uso previsto y gestión al final de su vida útil. La solución puede pasar por incorporar material reciclado posconsumo, materias primas de origen vegetal, materiales compostables certificados cuando la aplicación lo justifique o mejorar la reciclabilidad.
SPHERE España identifica precisamente el ecodiseño, la selección de materias primas de menor impacto y el desarrollo de soluciones que faciliten una correcta gestión del fin de vida como elementos fundamentales de su estrategia de economía circular.
El ecodiseño permite actuar cuando todavía es posible evitar muchos impactos posteriores. Supone preguntarse desde el inicio cuánto material necesita realmente un producto, qué recursos se emplearán para fabricarlo y cómo deberá gestionarse una vez utilizado.
El reciclaje, aunque imprescindible, no corrige por sí solo un producto mal concebido. La economía circular comienza evitando consumos innecesarios y conservando durante el mayor tiempo posible el valor de los materiales.
La experiencia industrial de SPHERE España muestra además que innovar no consiste únicamente en desarrollar nuevos materiales. También implica rediseñar productos, reducir el consumo de materias primas vírgenes, optimizar procesos y mejorar la eficiencia energética manteniendo los niveles de calidad y rendimiento exigidos por el mercado.
Los ciclos de materiales rara vez dependen de una única organización. Para convertir un residuo en un nuevo recurso se necesita coordinación entre quien lo genera, quien lo recoge y clasifica, quien lo transforma y quien finalmente lo incorpora a un nuevo producto.
Un ejemplo práctico es el proyecto desarrollado por Lidl con SPHERE España y La Red by Veolia. Los residuos plásticos generados en centros logísticos y establecimientos de Lidl se recuperan para fabricar nuevas bolsas de basura, con la participación de AENOR en la certificación del proyecto. De esta manera, un residuo de la propia actividad vuelve a la cadena de valor convertido en un nuevo producto.
Este modelo demuestra que la circularidad puede trasladarse a la práctica cuando existe trazabilidad, coordinación y una aplicación técnicamente viable para el material recuperado.
La transición hacia una economía circular exige inversión, conocimiento y adaptación. No todos los residuos pueden reincorporarse al mismo proceso ni todas las alternativas son adecuadas para cualquier producto. Las decisiones deben apoyarse en criterios técnicos, ambientales y económicos.
Pero esperar a que cada cambio sea obligatorio también entraña riesgos. Las empresas que conocen sus flujos de materiales aplican criterios de ecodiseño y colaboran con su cadena de valor estarán mejor preparadas para responder a las nuevas exigencias del mercado y de la regulación.
La pregunta ya no es únicamente cómo gestionar mejor los residuos, sino cómo evitar que los recursos pierdan su valor y convertir la circularidad en una forma más eficiente de diseñar, producir y colaborar.
Cuando se integra en la estrategia empresarial, la economía circular deja de ser solamente un compromiso ambiental. Se convierte en innovación, resiliencia y competitividad.
La Tribuna de Voces es un espacio de opinión que responde a la visión de los autores del tema tratado. Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Zaragoza no se hace responsable de esta.