Ismael Longás
Planbrain Formaciones
Hay momentos en los que todo parece estar en tu contra: un mercado saturado y que no dominas, 0 recursos y una idea que nadie toma en serio. Solo una intuición fuerte, casi irracional, de que puedes hacer algo diferente. Algo que transforme vidas. Eso fue lo que me pasó, y así empezó esta historia entre la locura y la visión.
En mi opinión (totalmente sesgada, como la de todo el mundo), la sociedad necesita gente valiente. Personas con un toque de “locura” que se atrevan, al menos, a mirar con profundidad ideas que podrían beneficiar al mundo, aunque estén fuera de lo establecido. Muchos avances siguen caminos ya trazados, sin replantearse que las bases estén centradas en las necesidades reales de las personas, lo que provoca una desconexión brutal. Pero, para mí, entender el contexto y estas necesidades para abrirse a lo radicalmente diferente, te permite crear soluciones revolucionarias y más nutritivas.
Con esto en mente, un buen día decidí dar un giro de 180 grados a mi vida. Detecté un grave problema en mí y en la sociedad: aprender un idioma exigía estar años estudiando. Lo que parecía ser una verdad innegable, se convirtió en el reto de partida para comenzar mi proyecto, puesto que anteriormente, todos habíamos seguido el camino pero nadie se había planteado volver al punto de inicio y trazar uno nuevo.
Así, cambié mi puesto de ingeniero en una multinacional por emprender en un ámbito totalmente nuevo para mi, pero en el que sabía que podía ayudar y rediseñar. Así comienzan muchas películas de Hollywood, ¿no? En este camino me he ido encontrando obstáculos, pero cuando estás 100 % convencido de que puedes revolucionar el sector, no hay freno que valga. Y más aún si tu propósito es ayudar a otros a lograr sus metas.
Reflexionando, reconozco que fui algo impulsivo, pero también es cierto que mi decisión de emprender vino, a su vez, motivada por algo muy profundo: la pérdida de una persona cercana. Me recordó que la vida es un suspiro, y que pasarla “sobreviviendo” en algo que no te apasiona sólo tiene sentido en nuestras cabezas para sostener planes que muchas veces no se cumplen.
Entonces, ¿cómo se pasa de loco a visionario? Con un plan… y mucho corazón. Tuve un año para preparar el proyecto con calma, formarme sobre emprendimiento y mejorar todo al máximo. Cerré ese proceso con una prueba piloto que, para mi sorpresa, funcionó tan bien que enseguida llegó a oídos de la prensa. En ese momento, ya no había vuelta atrás.
¿Se puede hacer todo esto solo? En mi caso, no. El apoyo de mi familia y amigos fue vital. Me dieron aliento cuando no veía claro el camino y ofrecieron perspectivas nuevas en momentos clave. A veces, una mirada externa puede cambiarlo todo en segundos.
Veremos cómo acaba todo esto, aún queda mucho por recorrer. No sé si lograré cambiar el mundo como imagino, pero sí sé que este es el camino que me llena. Cada persona que pasa por aquí transforma su vida, y eso era exactamente lo que quería lograr.
Así que si tienes una idea loca, genial, imposible…una de esas que te acelera el corazón y te pone los pelos de punta y crees que podría mejorar el mundo, aunque sea un poquito, recuerda que la vida no va de acomodarse y sobrevivir, sino de explorar al máximo. Y salga bien o mal, es mucho peor plantearte a posteriori “que hubiera pasado si…” y arrepentirte.
¡Ve a por ello! No estás solo. Y quizás, solo quizás, seas un visionario disfrazado de loco.
La Tribuna de Voces es un espacio de opinión que responde a la visión de los autores del tema tratado. Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Zaragoza no se hace responsable de esta.