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Entender a las personas para transformar la tecnología

ilustración tribuna daniel torres burriel

No estudié tecnología, ni diseño, ni marketing. Mi formación universitaria comenzó en el ámbito del Trabajo Social en la EUES de Unizar y continuó en el de la Sociología en Pamplona. Durante mucho tiempo pensé que mi camino se alejaría de todo lo que tuviera que ver con la ingeniería, el software o los productos digitales. Y, cómo son las cosas, hoy me dedico a eso: al diseño de experiencias digitales que ponen a las personas en el centro. Y si tengo algo claro después de años de trabajo es que no se puede diseñar tecnología útil sin entender a las personas.

Cuando hablamos de diseño digital o de experiencia de usuario (UX), mucha gente piensa en pantallas, botones, colores o aplicaciones móviles. Pero detrás de todo eso, que es verdad, hay una disciplina que se dedica, además, a observar, escuchar y comprender cómo las personas interactúan con sistemas tecnológicos (unos más complejos que otros) para alcanzar sus objetivos. Y ahí es donde mi formación en ciencias sociales se ha vuelto más relevante de lo que, de verdad, jamás hubiera imaginado.

La Sociología y el Trabajo Social me enseñaron a observar, a mirar con atención, a cuestionar lo que se da por hecho, a no conformarme con lo que se ve en la superficie. Me enseñaron a investigar y a preguntar antes de actuar, a reconocer los patrones de comportamiento, a detectar las relaciones de poder en lo cotidiano. Todo eso, que parece tan alejado del mundo tecnológico, es exactamente lo que aplicamos cuando trabajamos en diseño centrado en el usuario: escuchar antes de diseñar, entender antes de construir, observar antes de emitir juicios.

Un sitio web, una aplicación móvil, una plataforma digital, un e-commerce, un videojuego… todo eso son artefactos que deben estar al servicio de las personas. Y si esas personas no pueden usarlos con facilidad, si no les resultan útiles, si no entienden cómo funcionan, entonces hemos fallado. Por muy bien programados que estén o muy bonitos que sean. Por muy innovadora que sea la tecnología que tengan detrás.

Desde que fundé Torresburriel Estudio he trabajado con equipos públicos y privados, en Zaragoza y en medio mundo. Y en todos los proyectos donde ha habido impacto positivo, siempre ha habido una clave común: alguien se detuvo a entender a los usuarios como personas, no sólo como targets. Alguien se hizo preguntas: ¿qué les importa?, ¿qué temen?, ¿qué les motiva?, ¿qué contexto condiciona sus decisiones?

En un mundo cada vez más automatizado, cada vez más mediado por algoritmos (¡ay!, los algoritmos) y procesos digitales, recuperar la mirada humanista no es un lujo: es una necesidad. Porque la tecnología puede facilitar la vida o hacerla más compleja. Puede incluir o excluir. Puede empoderar o silenciar. Y eso no depende solo del código, sino sobre todo de las decisiones que tomamos en el diseño. Decisiones que tienen consecuencias.

Por eso reivindico una vez más lo que defiendo desde hace más de veinte años: necesitamos más humanistas y más gente con sensibilidad social trabajando en tecnología. Porque sólo desde ese entendimiento profundo de lo humano podremos construir un futuro digital que sea verdaderamente habitable para todos.

La Tribuna de Voces es un espacio de opinión que responde a la visión de los autores del tema tratado. Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Zaragoza no se hace responsable de esta.