La sostenibilidad ha dejado de ser una tendencia para convertirse en un elemento determinante de la estrategia empresarial. Sin embargo, en un contexto marcado por cambios regulatorios, incertidumbre económica y nuevas exigencias sociales, resulta más necesario que nunca analizar su evolución con una mirada amplia que permita distinguir entre las transformaciones coyunturales y las tendencias de fondo.
Javier Carrasco, sociólogo y socio director del área de sostenibilidad de Sociedad y Empresa, reflexiona sobre el recorrido histórico de la sostenibilidad y las principales lecciones que ese proceso deja para las empresas.
Estrategia e integración de la sostenibilidad en la estrategia empresarial
La gestión estratégica de la sostenibilidad exige una mirada con perspectiva histórica porque ya no es una recién llegada a la escena empresarial. Es, por el contrario, la expresión de un largo proceso, construido a partir de las evidencias acumuladas por una investigación científica rigurosa y sostenida en el tiempo, la acción coordinada de la comunidad internacional y los cambios sustanciales en la forma de entender la empresa, y su relación con el entorno.
Para comprender su evolución y extraer las lecciones que deja para la empresa, este proceso puede ordenarse en tres grandes etapas.
La primera etapa, en la que emerge, se sitúa en el último cuarto del siglo XX, cuando la preocupación ambiental se incorpora a la agenda global. El deterioro progresivo de los ecosistemas, el aumento de la contaminación y el uso intensivo de los recursos naturales evidencian los límites de nuestro modelo de desarrollo. En este contexto destacan dos hitos fundamentales: la publicación del Informe Brundtland en 1987, que consolida el concepto de desarrollo sostenible, y la celebración de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, que lo proyecta como marco global y vincula de forma inseparable la protección ambiental, el desarrollo económico y la equidad social.
La sociedad y su vínculo con la sostenibilidad empresarial
Primera lección para la empresa. Ninguna organización opera al margen del entorno social, económico y ambiental del que forma parte. Toda empresa depende de recursos, personas, territorios, instituciones, infraestructuras, cadenas de suministro y condiciones de estabilidad que no pueden darse por garantizadas.
La segunda etapa se desarrolla entre el final del siglo XX y las primeras décadas del siglo XXI. En este periodo de consolidación toman fuerza conceptos como responsabilidad social corporativa, buen gobierno, diálogo con los grupos de interés, transparencia e información corporativa en sostenibilidad. Esta transición hacia la medición y la rendición de cuentas se reflejó en hitos como el nacimiento de la Global Reporting Initiative en 1997 y la aprobación de la Declaración del Milenio de Naciones Unidas en 2000.
Surge entonces un debate de fondo: ¿la sostenibilidad empresarial debe descansar principalmente en la voluntad de las empresas o debe regularse mediante normas, obligaciones e indicadores comunes? Durante años predominó la voluntariedad. Aunque este enfoque permitió avanzar, también mostró sus límites: cuando cada organización define qué mide, cómo lo mide y qué comunica, la comparación se vuelve difícil y se debilitan la consistencia y la verificabilidad de la información.
Medición, impacto y acciones de la estrategia empresarial
Segunda lección para la empresa. La sostenibilidad no puede limitarse a “hacer cosas” y comunicarlas; es necesario identificar impactos, establecer prioridades, medir avances y conectar las iniciativas con la estrategia.
La tercera etapa se corresponde con el primer cuarto del siglo XXI. Es una etapa de aceleración, pero también, en los últimos años, de reajuste. Esta aceleración se apoya, en primer lugar, en la evidencia científica. El marco de los límites planetarios ha mostrado que existen procesos biofísicos esenciales para la estabilidad del planeta.
En 2023 se identificó que seis de los nueve límites planetarios habían sido superados. Este dato refuerza una idea clave: la sostenibilidad está vinculada a la estabilidad de los sistemas que hacen posible la vida económica y social. La aceleración se vincula también con la agenda internacional. En 2015 se aprobaron la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y ese mismo año se adoptó el Acuerdo de París. También se acelera por la vía regulatoria, especialmente en Europa. El Pacto Verde Europeo, presentado en 2019, estableció la hoja de ruta para convertir la economía europea en la primera economía climáticamente neutra del mundo en 2050.
Desde 2024 se observa una fase de reajuste en la agenda europea de sostenibilidad, en un contexto internacional más complejo. Europa ha iniciado una revisión y simplificación del marco normativo de sostenibilidad, orientada a ajustar su aplicación sin abandonar el objetivo de neutralidad climática.
Tener perspectiva y la empresa del futuro
Tercera lección para la empresa. Tener perspectiva permite distinguir entre los cambios coyunturales y la tendencia estructural de fondo: la sostenibilidad es una dimensión estratégica para gestionar riesgos, reforzar la competitividad y preparar la empresa para el futuro.
A partir de estas tres lecciones, ¿qué significa tener perspectiva? En primer lugar, supone adoptar una perspectiva temporal: distinguir entre exigencias inmediatas y tendencias estructurales. Las normas pueden modificarse y los calendarios aplazarse, pero los grandes retos de fondo —clima, recursos, biodiversidad, energía, cadenas de suministro, talento o legitimidad social— permanecen.
En segundo lugar, exige una perspectiva sistémica. La empresa no opera de manera aislada. Forma parte de cadenas de valor, territorios, comunidades, mercados laborales, ecosistemas y marcos institucionales. Por eso, sus impactos, riesgos y oportunidades no pueden considerarse de forma fragmentada.
En tercer lugar, requiere una perspectiva estratégica. La sostenibilidad debe conectarse con el modelo de negocio. No puede quedar reducida a cumplimiento formal ni convertirse en una colección dispersa de iniciativas. Integrada estratégicamente, contribuye a mejorar la eficiencia, anticipar riesgos, innovar, atraer talento, acceder a financiación, reforzar la confianza de clientes y preparar la organización para escenarios más exigentes.