Darío Navarro
ST – Superficies
Los malos olores ya no son únicamente un inconveniente, sino un reto cuya resolución puede mejorar tanto la competitividad empresarial como la calidad de vida de las personas
Los malos olores han sido tradicionalmente considerados una molestia inevitable, una consecuencia asumida de determinadas actividades industriales, de la gestión de residuos o del crecimiento de las ciudades. Sin embargo, esa percepción está cambiando, y cada vez más empresas, administraciones y ciudadanos entienden que el olor es también un indicador de calidad ambiental, bienestar e incluso salud.
ST Superficies y Kimu Soluciones Ecológicas abordan uno de los desafíos ambientales menos visibles, pero con mayor impacto sobre la calidad de vida, en este Canal Expositivo del Club Cámara Zaragoza.
El crecimiento urbano y la mayor sensibilidad social han convertido los problemas asociados a los malos olores en una cuestión estratégica. Una evolución que responde a un cambio de mentalidad. Y es que muchas instalaciones industriales que antes estaban alejadas de las poblaciones conviven hoy prácticamente con los núcleos urbanos. Esa cercanía ha incrementado las reclamaciones ciudadanas y ha obligado a buscar soluciones más eficaces.
Kimu comenzó hace años investigando este ámbito hasta establecer una colaboración con la firma alemana Biotis, especializada desde hace tres décadas en tecnologías para la neutralización de olores. Lo que inicialmente se limitó a un sencillo sistema de placas de gel para contenedores de residuos ha evolucionado hacia un catálogo de soluciones adaptadas a industrias, depuradoras, vertederos o instalaciones ganaderas. El objetivo ya no consiste únicamente en actuar sobre un punto concreto, sino en analizar cada problema y diseñar una respuesta personalizada.
No obstante, la problemática trasciende la simple incomodidad olfativa. «Existe cada vez una mayor preocupación por la salud de las personas, por el bienestar y por los temas medioambientales», afirma José Ángel Aldeano, al presentar una problemática que afecta tanto a ciudadanos como a trabajadores e industrias.
Respecto a la la relación entre los malos olores y la salud, Aldeano recuerda que una exposición continuada puede provocar estrés, ansiedad, alteraciones del sueño e incluso llegar a condicionar la permanencia de las personas en sus viviendas. Además, introduce el concepto de «memoria olfativa», mediante el cual determinados lugares quedan asociados de forma permanente a una experiencia negativa o positiva en función del olor que percibimos. «No solamente es una molestia; puede ser un problema incluso de salud», subraya.
El reto de los malos olores: normativa, tecnología, salud y sostenibilidad
En el apartado del marco regulatorio, España todavía carece de una legislación específica sobre olores, aunque diversas normas relacionadas con la calidad del aire y la contaminación obligan indirectamente a prevenir estas molestias. Esta ausencia de una regulación homogénea provoca diferencias entre Comunidades Autónomas y municipios, que establecen sus propios criterios ambientales. Aun así, Aldeano considera que el escenario evolucionará en los próximos años y recomienda que las empresas se anticipen a futuras exigencias normativas. «El olor ya no es solo una molestia, es un indicador de la calidad del aire y del bienestar social», afirma.
De esta manera, cobra especial importancia la medición objetiva de los olores. Frente a métodos basados únicamente en sensores de gases concretos, la olfatometría dinámica permite determinar las denominadas unidades de olor mediante paneles de personas entrenadas. Este procedimiento ofrece una referencia objetiva para evaluar la eficacia de los tratamientos y documentar mejoras ante administraciones o clientes.
Más allá del ámbito empresarial, en las últimas décadas también se ha puesto especial atención al ámbito urbano. La implantación del contenedor marrón para residuos orgánicos ha incrementado la aparición de malos olores, especialmente durante los meses de verano. Frente a la limpieza continua de contenedores, Kimu propone la instalación de placas de gel con una duración aproximada de tres meses, capaces de neutralizar el olor durante todo ese periodo. Soluciones similares se aplican en alcantarillas, recogida neumática de residuos e incluso sistemas de climatización de medios de transporte públicos.