Javier Ruiz Poza
Asociación de Farmaceúticos Empresarios de Zaragoza
Vino a Contar: empresas cuentan proyectos pioneros. Colaboradores: Onda Cero
Abordamos los retos y oportunidades del sector, como la incorporación de tecnologías avanzadas y la inteligencia artificial para mejorar la eficiencia del sistema de salud.
Desde la creación de la Asociación de Farmacéuticos Empresarios de Zaragoza (AFEZ) en 1993, su labor ha sido defender los intereses empresariales y profesionales de las oficinas de farmacia, pero también han puesto en valor su compromiso social con la salud de la comunidad. Así, a través de la cercanía y la accesibilidad, las farmacias se han consolidado como la red sanitaria más próxima, ofreciendo atención las 24 horas, los 7 días de la semana.
Conocemos más sobre la historia y la labor de la Asociación de Farmacéuticos Empresarios de Zaragoza de la mano de Francisco Javier Ruiz Poza, presidente de AFEZ, en este Vino a Contar del Club Cámara Zaragoza.
Pregunta: La asociación se creó en 1993 como una forma de defender los intereses empresariales de los farmacéuticos. ¿Con cuántos asociados contáis actualmente?
F. Javier Ruiz Poza: Actualmente tenemos 150 socios. La historia de la asociación se remonta a la Transición democrática, cuando surgieron los convenios colectivos que unían a los sindicatos —tras el sindicato vertical— con las patronales para negociar los convenios sectoriales.
Las oficinas de farmacia somos microempresas; hoy hay una media de 3,9 trabajadores por farmacia. Por ello fue necesario crear una federación, en este caso la Federación Española de Farmacias Empresariales (FEFE), que asumió el papel de patronal y agente social para negociar los convenios colectivos. Esto ocurrió en 1985 y, posteriormente, la federación se extendió por las regiones; en 1993 se fundó la asociación en Zaragoza.
P: ¿Por dónde pasa esa defensa profesional? ¿Qué es lo que queréis poner en valor desde la asociación?
F. J. Ruiz Poza: La oficina de farmacia se define como un establecimiento de carácter privado, pero de interés público. Esta definición tiene mucha fuerza, porque somos empresa, pero con una clara vocación asistencial; somos comercio, pero integrados en el sistema de salud; tenemos actividad económica, pero con un marcado carácter social. Como decía DKV, somos empresas enfocadas al servicio de las personas y a pie de calle.
Desde AFEZ debemos reforzar la vertiente empresarial. Por eso estamos presentes en la Cámara y en la CEOE. Aunque inicialmente la farmacia era reacia, estas instituciones han entendido nuestra función y colaboramos en formación y en fomentar el espíritu empresarial en las farmacias, que cada vez es más profesional.
Un ejemplo claro fue cuando se planteó la reducción de la jornada laboral promovida por el Ministerio de Trabajo. Era una propuesta de “café para todos” que nos afectaba especialmente, porque las farmacias prestamos un servicio regulado 24×7. Pasar de las 1.785 horas de nuestro convenio a 1.720 suponía un lastre enorme en costes de personal para poder seguir cumpliendo nuestra función de interés público. Recibimos apoyo, aunque finalmente la propuesta fue rechazada por Junts. La cuestión es que no se puede generalizar: cada sector tiene sus propios problemas y convenios.
P: Lo has mencionado ya: no solo dispensáis medicamentos, sino que actuáis como una red sanitaria muy próxima a la ciudadanía. ¿Cómo trabajáis con el ciudadano de tú a tú?
F. J. Ruiz Poza: Somos una red capilar, accesible, próxima y sin listas de espera. Esto tiene un valor incalculable para la sociedad. Recientemente editamos el libro «40 estirpes farmacéuticas aragonesas», en el que reunimos a familias que mantienen sus farmacias: 22 de Zaragoza, 12 de Huesca y 6 de Teruel. Nos llamó la atención cómo la farmacia ha mantenido su esencia humanística y de proximidad desde el siglo XIX.
Hay que recordar que los antibióticos fueron descubiertos por Fleming en 1928, algo relativamente reciente, mientras que la farmacia ha perdurado con un modelo similar, basado en la actuación humanística con el paciente. Ha existido una vocación histórica de colaboración con ayuntamientos, diputaciones y el Sistema Nacional de Salud, como ocurrió con la beneficencia en Zaragoza o el servicio de oxigenoterapia.
Además, la farmacia tiene un marcado carácter rural y actúa como agente vertebrador del territorio, siendo en muchos pueblos el único punto sanitario disponible.
P: Más allá de las enfermedades comunes, también hay que afrontar nuevos retos, como ocurrió con el COVID. ¿Cómo se vive un episodio así y cómo se sigue asegurando una atención tan cercana?
F. J. Ruiz Poza: El comportamiento de la farmacia durante el COVID fue excepcional. Mientras los centros de salud permanecían cerrados, realizamos una auténtica labor de proximidad. Ante el desabastecimiento de paracetamol o ibuprofeno, fuimos los garantes de que la población pudiera seguir sus tratamientos en casa.
En abril de 2020, cuando no había mascarillas, a través del clúster de salud y la CEOE nos repartimos tareas para realizar importaciones sin carácter lucrativo. Desde la farmacia abanderamos la importación de tres millones de mascarillas que, a través de Alliance Healthcare y Novaltia, se distribuyeron por toda la red de 740 farmacias de Aragón al mismo precio. Esto demuestra que somos una red fiable: costaban lo mismo en Palomar de Arroyos que en el Paseo de la Independencia de Zaragoza.
Esta fiabilidad es histórica. Durante la Guerra Civil ocurrió algo similar; conservo libros recetarios de lo que se dispensó en mi farmacia el 18 de julio de 1936. Incluso hubo farmacéuticos tan comprometidos que, estando en la trinchera, recibieron un disparo por ir a buscar una planta botánica que les faltaba. Hemos superado epidemias de cólera y la gripe española de 1918. Ya en 1240 se separó legalmente la farmacia de la medicina y, desde entonces, el farmacéutico ha antepuesto la ciencia al comercio, tratando el medicamento como algo distinto a una mercancía ordinaria.
P: Y en la actualidad, ¿hay espacio para la innovación?
F. J. Ruiz Poza: La farmacia dispone de un nivel tecnológico interesante al servicio del Sistema Nacional de Salud. Existen planes para mejorar la comunicación de datos con el sistema público; actualmente hay incidencias diarias que podrían resolverse con una mejor conexión, y ya se están desarrollando proyectos piloto.
La otra gran palanca es la inteligencia artificial, aplicada tanto al desarrollo del medicamento como a los procesos y a la formación. Debemos integrar más tecnología para que el sistema de salud sea más robusto, garantizando siempre que los datos viajen con la debida protección legal. Trabajar en red facilita enormemente incorporarse a esta dinámica de innovación.
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