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Gestión de equipos, Jazz y su influencia mutua para Alberto Mendoza (Caja Rural de Aragón)

Alberto Mendoza de Caja Rural de Aragón habla de gestión de personas y jazz en este Inmersión Talento
  • «La estructura del jazz sería un poco el equivalente a la cultura de empresa, donde tú conoces el marco general que existe y, a partir de ahí, puedes moverte a tu gusto»

La gestión de personas tiene muchos estímulos que la conforman, casi tantos como lo que sucede en una jam session. Liderazgo, escucha activa, confianza en el equipo y un proyecto común son algunos de sus puntos en común.

Director de Gestión de Talento en Caja Rural de Aragón y músico amateur apasionado por el jazz, Alberto Mendoza cuenta con un perfil único y multidisciplinar que lo hace un entrevistado de lujo en este ‘Inmersión Talento‘ junto a Enrique Iniesta, director de RRHH de Pikolín.

Con una amplia y variada formación, es licenciado en Administración y Dirección de Empresas en UNIZAR y posee un Máster en Publicidad y Comunicación por ESIC. Además, su currículum formativo cuenta con un Programa de Dirección en Recursos Humanos en ESADE y un Grado en Diseño y Creación Digital a través de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

Jazz y Recursos Humanos, ¿qué tienen en común?

Pregunta: Eres músico amateur de jazz y swing, ¿cómo surge esta unión entre el liderazgo de personas y el jazz?

Respuesta: No todo el mundo conoce el jazz desde dentro, entonces me gustaría comenzar contando cómo se ve el jazz desde fuera o, al menos, cómo lo conocí yo. Tenía unos 20 años y estábamos haciendo un recorrido por España y la primera parada fue Vitoria. Vitoria cuenta con un festival de jazz internacional, uno de los mejores de España. Y, aunque no teníamos ni mucho presupuesto ni ganas, convencí a mis amigos de entrar al hall de un hotel donde había un trío de jazz.

Había ya ciertas caras de enfado entre mis amigos hasta que, de repente, pasó una cosa. Comenzaron a entrar músicos y empezaron a sentarse entre el público e interactuar con los asistentes. Estaba asistiendo a mi primera jam session, que es una sesión de improvisación donde se juntan varios músicos que conocen el lenguaje del jazz. Se creó una atmósfera brutal de creatividad y trabajo en equipo.

El momento en el que estamos viviendo ahora es muy parecido al que se crea en una jam session. Se crea una atmósfera rápida, incierta, compleja. Al final, es un entorno muy VUCA. Siempre se asimila una empresa clásica a lo que es una orquesta sinfónica, con el director asumiendo su rol y con los papeles asignados de cada trabajador.

En los entornos VUCA en los que vivimos, no funcionan así las cosas, o al menos no para todas las empresas. Esto se parece más a una jam session, donde no todo el mundo tiene por qué tener escrito lo que tiene que hacer y donde queda un espacio para la improvisación.

P: Esto si no lo pensamos mucho, suena mal. La improvisación se identifica con algo que no has preparado.

R: La improvisación se ve así porque no está bien planteada. Al final, no es hacer lo que te de la gana. Es algo que requiere de mucho estudio, esfuerzo y, sobre todo, una estructura muy sólida en la que trabajar, y aquí está la clave. Es la combinación de algo sólido y sencillo lo que te permite moverte y crear sin dentro de una estructura. Sería un poco el equivalente a una cultura de empresa, donde tú conoces el marco general que existe y, a partir de ahí, puedes moverte a tu gusto.

P: Esto es como los estándares de jazz, ¿no?

R: Eso es. Un estándar de jazz es un tema popular que todo el mundo conoce, con una estructura cerrada con una secuencia lógica de acordes en modo bucle. Ese bucle y esa sencillez es la estructura que permite crear en grupo pero todos aportando cosas nuevas e innovando.

La figura del líder en la gestión de equipos

P: Hay algo de control en lo que estás comentando…

R: Lo hay. Al final es una improvisación controlada. Todo el mundo conoce y entiende sus límites, y la función del líder es crear y hacer que todo el mundo entienda la estructura y el marco general.

P: Sí que hay cosas que tienes que pactar, ¿no? Tiene que haber una serie de reglas comunes.

R: Exactamente, esa sería la base en la que todo el mundo tiene que estar de acuerdo. Hablamos también de ritmo y tono. Se marca un ritmo y un tono a los que se van a tocar y nadie puede salirse de ellos. No puede estar todo el equipo tocando en un tono y tú estar en otro, por muy bien que o estés haciendo. Necesitamos de una armonía común.

P: Cada tema es como un corte distinto. Son cortos, intensos y muy concretos que trabajar.

R: Son temas es lo que se conoce el principio y el final. Sabes que tienes que hacer algo en ese intermedio y que tiene un equipo de gente en el que cada uno toca un instrumento diferente y cada uno tiene que aportar algo dentro de un equipo multidisciplinar. Es algo efímero pero que te permite aprender durante el proceso y trabajar esa parte de conocerte a ti mismo y al resto, de escuchar. Esto es básico cuando hablamos de coaching, todo lo relacionado con el acompasamiento y adaptarte a los cambios en entornos fluidos.

La importancia de la escucha y ser equipo 

P: Cuando todo fluye se ve que hay cómo una especie de diálogo con frases y réplicas pero entre instrumentos.

R: Toda esta parte está basada en la escucha, también de energías. No puedes mantener la misma energía según quién esté tocando. Aquí es precisamente donde está la función del líder de crear una base para que el resto puedan brillar.

Existe una parte de liderazgo transversal donde se van sucediendo diferentes acontecimientos, pero en la jam no hay un jefe único sino que el liderazgo va pasando de uno a otro. Hay un liderazgo compartido y una confianza en los demás para que cada uno haga su parte dentro de la misma estructura.

P: Todo esto tiene relación con la gestión de egos, ¿verdad?

R: Los egos son importantes entre artistas y músicos, pero existe un respeto en el que cuando alguien tiene su momento de brillar, o lo acompañas para que su solo sea mejor, o guardas silencio. Esta parte de paciencia y de esperar tu momento es algo admirable.

P: Y cuando hay un error garrafal, ¿qué hace el resto del equipo?

R: La gestión de errores normalmente se trabaja en privado. Siempre se dice, las cosas buenas se dicen en público y los errores se ven en privado. Si nos fijamos en un concierto de jazz, el feedback y la retroalimentación es continua. Con una mirada o con gestos muy sutiles se sabe crear la atmósfera y animar al resto. Cuando algo no sale bien, todo el grupo está soportando el momento y, simplemente, se cubre. En la mayoría de veces, el público no se da cuenta y todo queda en casa.

La conversación tuvo lugar en el Acuario de Zaragoza y tras ella se produjo un almuerzo junto con los asistentes.

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