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Desarrollo directivo

Andrés Llombart: “Mientras CIRCE haga cosas que sean útiles para la empresa, CIRCE tendrá sentido”

Red Pública

Conocemos más sobre Andrés Llombart y CIRCE Centro Tecnológico en este Red Pública del Club Cámara Zaragoza.

Andrés Llombart analiza los grandes retos de la transformación energética, la digitalización industrial y el papel estratégico de Aragón

Andrés Llombart habla de energía, pero en realidad habla de transformación. De cómo una región puede cambiar su posición industrial si entiende a tiempo que la transición energética no es solo una cuestión de megavatios, redes o baterías, sino de conocimiento aplicado, gestión, talento y capacidad para convertir la investigación en soluciones útiles para las empresas.

Conocemos más sobre Andrés Llombart y CIRCE Centro Tecnológico en este Red Pública del Club Cámara Zaragoza.

Andrés Llombart y su aterrizaje en el mundo de la tecnología

Andrés Llombart se presenta con una mezcla poco habitual de precisión técnica y naturalidad. Antes de hablar de cifras, redes eléctricas o innovación, recuerda a una escena de infancia. “Con 3 o 4 años, me pedía herramientas para los Reyes Magos en lugar de juguetes”, comenta.

Aquella inclinación temprana por entender cómo funcionaban las cosas marcó una forma de mirar el mundo. De niño, Llombart quería ser inventor, hasta que un día, frente a una nevera, se preguntó cómo podía inventar algo si ni siquiera sabía explicar el funcionamiento de un electrodoméstico. Esa inquietud acabó orientándolo hacia la ingeniería industrial, una decisión que tomó casi por descarte, porque podía estudiarla en Zaragoza, pero que después se convirtió en el eje de su vida profesional.

La entrada de Andrés Llombart en el mundo los centros tecnológicos llegó de la mano de dos figuras que cita como determinantes: Mariano Sanz Badía y Antonio Valero Capilla, fundadores de CIRCE. De ellos aprendió dos ideas fundamentales. La primera, que la investigación tiene sentido cuando es útil para la empresa. La segunda, que hay que “pensar en grande”. No se trataba solo de investigar, sino de imaginar escenarios nuevos y de asumir que el conocimiento no debía quedarse dentro de los laboratorios.

Esta vocación de transferencia explica buena parte de su visión actual. Llombart no entiende un centro tecnológico como una estructura cerrada sobre sí misma, sino como una herramienta al servicio de problemas reales.

CIRCE, el valor de las personas y un proyecto de ingeniería emocional

Uno de los grandes cambios que Llombart atribuye a su etapa de responsabilidad en CIRCE es la profesionalización de la gestión. El actual Director General reconoce que venía de una mentalidad técnica, “muy cuadriculada”, propia de la ingeniería universitaria. Pensaba que la tecnología podía resolverlo todo, hasta que el estudio de la gestión le hizo comprender que las organizaciones se sostienen también sobre flujos de caja, relaciones, mercados, confianza e indicadores.

“Entendí lo que es el mercado y que si te quedas sin flujo de caja, quiebras”, explica. Esa conciencia empresarial no le alejó del conocimiento, sino que le permitió ordenar el crecimiento del centro en torno a tres exigencias: investigación, transferencia y sostenibilidad económica.

A lo largo de estos años, la evolución de CIRCE se ha posicionado como un caso de crecimiento basado en personas. Llombart habla de internacionalización, de proyectos europeos, de gestión compleja y de multiplicación de actividad, pero evita reducir el éxito a una cuestión de estructura. Incluso se define a sí mismo como un “ingeniero emocional”, una expresión que resume bien la confluencia entre técnica y factor humano.

Aragón, tejido empresarial e impacto de los centros tecnológicos

En cuanto a los sectores que más demandan innovación, Llombart identifica con claridad el peso del mundo eléctrico. La red se ha vuelto más compleja, más distribuida y más exigente. Ya no se trata de gestionar un sistema con un número limitado de grandes centrales, sino de ordenar miles de agentes, instalaciones, consumos, autoconsumos y dispositivos conectados. La electricidad exige respuestas en milisegundos, códigos de red, digitalización, control y capacidad para anticipar fallos. Para Llombart y CIRCE, esa complejidad ha sido una oportunidad. “Un centro tecnológico vive de resolver problemas; cuando la red eléctrica se complicó, para nosotros fue una bendición”, señala.

Sin embargo, Llombart considera que muchas empresas industriales todavía no conocen suficientemente lo que centros como CIRCE pueden aportarles. El reto no es solo hacer tecnología avanzada, sino demostrar que esa tecnología ayuda a ganar dinero, ahorrar costes, reducir consumos o mejorar procesos.

Por otro lado, el Director General de CIRCE analiza al papel de Aragón como territorio estratégico. Llombart rechaza la idea de una burbuja energética, aunque admite que algunos proyectos pueden caerse. Considera que las grandes inversiones anunciadas responden a planes serios a cinco o diez años y que los nombres que se están interesando por la región no son especuladores. Renovables, centros de datos, almacenamiento, logística e hidrógeno forman parte de una nueva posición competitiva. Y es que, para un territorio con problemas de despoblación, cualquier actividad capaz de generar empleo, mantenimiento, impuestos y servicios asociados tiene un valor adicional.