ALIA Consultores y Auren analizan las claves que deben abordar las compañías para crecer de forma sostenible
Crecer es una de las grandes aspiraciones de cualquier empresa, pero también uno de sus mayores desafíos. Aumentar ventas, ampliar mercados o incorporar nuevos empleados son señales visibles de crecimiento, pero detrás de cada salto empresarial existe una pregunta más profunda: ¿está realmente preparada la organización para asumir ese cambio?
Entender el crecimiento como un proceso integral es uno de las cuestiones que más ha de interiorizar la dirección de una empresa, siendo conscientes que es algo que impacta directamente en la estrategia, las personas, las finanzas, la estructura societaria y la capacidad de adaptación tecnológica. “El crecimiento supone un reto. Lo primero que hay que plantearse es si reúnes los requisitos para dar ese paso, porque crecer no puede llevarte a someter a la empresa a un mayor riesgo o a un mayor endeudamiento”, señala David Fauquié.
Y es que, antes de iniciar una fase expansiva, es necesario revisar cuatro pilares fundamentales: la estabilidad financiera, la estructura operativa, el orden interno y la solidez de los equipos. Porque crecer no significa únicamente facturar más. “El crecimiento tiene que ser controlado, profesionalizado y debe ser la consecuencia de hacer muchas cosas bien”, apunta Jorge Navarro.
Para Navarro, una empresa debe entender el crecimiento como el resultado de una gestión adecuada y no como un objetivo aislado. “Es el resultado de hacer las cosas bien en los momentos adecuados y de saberse rodear de personas que saben más que tú en determinadas materias”.
Los retos de crecer: gestión humana y ser líder
Uno de los principales retos de las empresas en expansión es la transformación del papel del fundador o del directivo. Muchas compañías nacen alrededor del esfuerzo y conocimiento de una persona que, con el tiempo, debe evolucionar desde una gestión basada en el control hacia un modelo basado en la dirección y el liderazgo.
“Pasar de estar solo en un despacho a aprender a delegar, confiar y aceptar que no todo se va a hacer como tú lo harías no es fácil”, reconoce el director general de ALIA Consultores. La profesionalización implica asumir que la empresa ya no puede depender exclusivamente de una persona y que es necesario construir equipos capaces de tomar decisiones.
Fauquié pone el foco también en que delegar no consiste únicamente en repartir tareas. “Consiste en transferir capacidad de decisión y responsabilidad, marcando unos límites para dar margen de maniobra y confianza”. En este proceso, la cultura empresarial adquiere un papel esencial: debe construirse, transmitirse y mantenerse a medida que la organización crece.
La gestión del talento se convierte así en uno de los grandes desafíos. Para Navarro, el concepto tradicional de retener talento debe evolucionar. “La palabra retener talento está obsoleta; a la gente no se le retiene en un mundo donde se mueve libremente”. La clave está en crear entornos donde las personas quieran permanecer, combinando flexibilidad, respeto y valores compartidos.
Financiación y saber integrar las nuevas tecnologías
Otro de los aspectos clave es la necesidad de adaptar la estructura empresarial al nuevo tamaño de la compañía. La creación de grupos empresariales o estructuras societarias más complejas puede aportar ventajas, pero siempre debe responder a una necesidad real. Queda claro en este sentido que una estructura adecuada puede ayudar a diversificar riesgos, proteger patrimonio, facilitar la entrada de inversión o preparar futuras operaciones corporativas.
En lo que respecta al área de la financiación, es evidente que crecer consume recursos y una mala planificación puede convertir una oportunidad en un problema. “Las empresas cierran cuando se quedan sin caja, no cuando venden mucho o tienen mucho patrimonio”, recuerda Navarro. Por ello, cualquier estrategia de crecimiento debe ir acompañada de una planificación financiera realista. “Un plan estratégico que no lleve asociado un plan financiero y de financiación no tiene sentido”.
Por otro lado, la digitalización y la Inteligencia Artificial aparecen como grandes oportunidades para las empresas en la actualidad, pero también requieren criterio. “La digitalización tiene que ser congruente. De nada sirve acaparar una ingente cantidad de software si el personal no sabe emplearlo”, afirma Fauquié.
Todo esto deja una gran conclusión: el crecimiento empresarial no debe medirse únicamente en cifras de facturación o en la implementación de toda nueva tecnología. Así, una empresa preparada para crecer será aquella que cuenta con una dirección capaz de evolucionar, equipos sólidos, estructuras ordenadas, planificación financiera y una estrategia tecnológica coherente.
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