En las primeras décadas del siglo XXI, India ha dejado de ser percibida únicamente como una economía emergente para consolidarse como un actor estructural del sistema internacional. Su ascenso no responde a un único factor, sino a la convergencia de dinámicas demográficas, reformas económicas, posicionamiento geopolítico y transformación tecnológica.
Rafael Loring, analista de Riesgo-País de Cesce especializado en Asia, aborda la importancia de este país en este Desayuno de Internacional del Club Cámara Zaragoza.
India, el nuevo protagonista del orden mundial
Con una población estimada en torno a los 1.444 millones de habitantes, India es actualmente el país más poblado del mundo. Esta magnitud no solo implica escala, sino también una oportunidad económica: el denominado “dividendo demográfico”. A diferencia de economías envejecidas como las europeas o Japón, la India cuenta con una población joven que está entrando en edad productiva, lo que impulsa tanto la oferta de trabajo como el consumo interno.
Sin embargo, esta ventaja estructural convive con una notable complejidad político-social. El país es una federación compuesta por 28 estados y 8 territorios, con más de 200 idiomas y una diversidad religiosa significativa, donde el hinduismo es mayoritario. Por otro lado, en el plano económico, la India ha experimentado un proceso reformista sostenido que ha mejorado su entorno de negocios, impulsado la digitalización y favorecido la inversión extranjera.
Uno de los rasgos más destacables es la combinación de crecimiento elevado con margen de maniobra en política monetaria, lo que otorga flexibilidad al banco central para responder a shocks externos. A pesar de una deuda pública significativa, el dinamismo económico contribuye a mantener la solvencia en niveles manejables. Además, India ha alcanzado grado de inversión en su deuda externa, lo que refuerza su credibilidad financiera internacional.
India y el arte del equilibrio en un mundo fragmentado
Uno de los conceptos centrales para entender la política exterior india es el de “autonomía estratégica”, un este enfoque que busca evitar alineamientos rígidos y maximizar la capacidad de decisión propia en un contexto global fragmentado.
Con Estados Unidos, coopera en ámbitos como la seguridad en el Indo-Pacífico, pero desconfía de su fiabilidad a largo plazo. Con Rusia, conserva vínculos históricos en materia de defensa y energía, incluyendo importaciones de petróleo a precios competitivos. Y con China, combina competencia estructural —especialmente en el ámbito territorial y comercial— con episodios puntuales de distensión. Esta estrategia de equilibrio se extiende también a su relación con Pakistán, marcada por tensiones persistentes, y a su creciente implicación en iniciativas multilaterales.
En este contexto, la relación entre India y la Unión Europea adquiere una relevancia creciente. Las negociaciones para un acuerdo comercial y de inversión, cuyas bases han quedado cerradas a comienzos de 2026, representan un hito en la apertura económica india. Este acuerdo prevé la eliminación de aranceles en gran parte del comercio bilateral, así como importantes flujos de inversión destinados a sectores industriales y tecnológicos.
Además, la cooperación se extiende a ámbitos como la transición energética (especialmente en hidrógeno verde), la ciberseguridad y el desarrollo de talento digital. Y es que, para Europa, India ofrece una alternativa estratégica en el proceso de diversificación frente a China; para India, la UE representa un socio clave para modernizar su economía y acceder a tecnologías avanzadas.
Siendo conscientes de que el análisis de India no puede reducirse a una narrativa lineal de éxito, nos encontramos ante una potencia en construcción, cuya trayectoria dependerá de su capacidad para gestionar tensiones internas, mantener el impulso reformista y navegar un entorno internacional cada vez más complejo.
El ‘Desayuno de Internacional’ es un formato patrocinado por Caja Rural de Aragón.