Con motivo del 140 aniversario de la Cámara de Comercio de Zaragoza, el Vermú Club celebró una edición muy especial en la que el gran protagonista no podía ser otro que el propio presidente de la institución, Jorge Villarroya. Vinculado desde hace décadas al tejido empresarial aragonés y al frente de la Cámara desde 2022, Villarroya estuvo arropado por una concurrida representación del Comité Ejecutivo, la plantilla de la casa, familiares, amigos y personalidades de la sociedad zaragozana.
A diferencia de los encuentros habituales, la sesión contó con una dinámica diferente y entrañable. Carlos Pascual, presidente de Integra y amigo cercano del invitado, ejerció de conductor y fue mostrando a Villarroya una serie de fotografías personales para descubrir las historias, pasiones y reflexiones que se escondían tras cada imagen.
Tradición familiar, viajes e historias de superación
La primera fotografía trajo al presente la juventud de Villarroya, rodeado de sus padres y todos sus hermanos. Como explicó el presidente, la unión familiar ha sido siempre un pilar indispensable: siete de los hermanos residen en Zaragoza —muy cerca de la casa materna— y una en Madrid, lo que les permite verse con asiduidad y mantener vivas costumbres entrañables como las reuniones de Nochebuena y Nochevieja.
A continuación, una instantánea durante un viaje en familia junto a su mujer y sus tres hijos dio pie a hablar de su gran afición por viajar. Una tradición veraniega que ha ido creciendo con la llegada de las parejas de sus hijos y en la que él suele proponer el destino —y encargarse de los gastos, según comentó entre risas con el público—.

Entre las imágenes proyectadas destacó también un retrato de su juventud, con apenas 17 o 18 años, sosteniendo un violín. Villarroya compartió con los asistentes su profunda pasión por la música, iniciada a los 8 años. Un vínculo que heredó de su abuelo materno —quien, siendo prisionero en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, logró salvarse de los trabajos forzados gracias a su destreza musical— y que le llevó a formar parte durante casi ocho años de la orquesta de cámara de la Universidad. «Me arrepiento de haber dejado esa orquesta, estuve muy a gusto. Me hubiera encantado ser un gran solista de violín», confesó con nostalgia. Ahí llegó una sorpresa para Villarroya: la actuación de un cuarteto de cuerda en directo.
Empresa, amistad y compromiso con la ciudad
El recorrido fotográfico continuó con la imagen que inmortalizaba la amistad entre Jorge Villarroya y Carlos Pascual, tomada en Calatayud cuando el presidente cameral fue pregonero de la feria de la localidad. «Los amigos son parte de la vida y muchos de ellos están aquí presentes», destacó.

Durante el coloquio también hubo espacio para repasar el arraigo empresarial de su familia, cuyo origen se remonta a 1958 con el impulso de Industria Química del Ebro por parte de su padre. «Mi padre estuvo 31 años al frente de la empresa y mi hermano y yo ya llevamos 35 o 36, y sin hundir la empresa, así que no lo estaremos haciendo mal», explicó, y añadió que uno de sus hijos y un sobrino también forman parte ya de la compañía.
Las fotos también sirvieron para reflexionar sobre los retos de la Feria de Zaragoza y la importancia del trabajo en equipo dentro del ecosistema de la Cámara. «Ponerte al frente de una institución como la Cámara, se hace por gusto, para devolver a la sociedad lo que te da». Destacó el apoyo del Comité Ejecutivo y confesó que sí ha sido feliz en la Cámara y que la plantilla le hace todo muy fácil. Explicó también cómo fue su presidencia en la Federación de Química y Plásticos y en la Asociación de Empresa Familiar de Aragón.
El encuentro concluyó entre muestras de afecto y las intervenciones espontáneas de los asistentes, quienes quisieron agradecer a Jorge Villarroya su cercanía, liderazgo y dedicación constante a la entidad en un año tan significativo como este 140 aniversario.