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Sostenibilidad y RSC

Economía circular, un eje estratégico para ganar competitividad empresarial

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La economía circular se presenta no solo como una respuesta ambiental, sino como una oportunidad para redefinir la competitividad empresarial en un entorno global cada vez más exigente.

La economía circular se consolida como uno de los ejes estratégicos para transformar el modelo productivo hacia uno más sostenible, resiliente y competitivo. Más allá del reciclaje, este enfoque propone repensar desde el origen cómo se diseñan, producen y gestionan los recursos, priorizando la prevención de residuos, la reutilización y la creación de valor a lo largo de todo el ciclo de vida de los productos.

En este contexto, la innovación empresarial está impulsando nuevos modelos de negocio basados en servicios, la recuperación de materiales y la colaboración entre sectores. Desde soluciones de ecodiseño que eliminan residuos desde la fase inicial, hasta iniciativas de simbiosis industrial que convierten subproductos en nuevas materias primas, las empresas están explorando fórmulas que combinan rentabilidad y sostenibilidad.

Abordamos el valor de la economía circular en este A Fondo del Área de Sostenibilidad de la Cámara de Comercio de Zaragoza junto a Carles Gasol, director de Desarrollo de Negocio de Inèdit, y Carmen Urbano, directora general de Querqus.

Un elemento estratégico y transversal

Carmen Urbano: El Consejo de Ministros ha aprobado el II Plan de Acción de Economía Circular hasta 2026, con un centenar de medidas y 2.000 millones de inversión. Es un plan transversal que implica a varios ministerios y busca cumplir los objetivos de la estrategia española de economía circular para 2030.

Nos interesa una visión práctica e industrial de lo que significa la economía circular en la empresa. Si ponemos el foco en la jerarquía de residuos —ecodiseño, prevención, reducción, reutilización y reciclaje—, ¿puedes compartir casos de éxito? Existe la percepción de que todo se basa en reciclar, pero hay mucho más.

Carles Gasol: La economía circular es mucho más que reciclaje; el mejor residuo es el que no se genera. Un ejemplo es la empresa textil Axioma, que diseñó un traje quirúrgico reutilizable. Tras validarlo, cambiaron su modelo de negocio: dejaron de vender unidades para vender servicios (intervenciones quirúrgicas). Proveen el material, lo recuperan tras su uso, lo esterilizan y lo vuelven a utilizar. Así, el hospital no genera residuos y la empresa mantiene el valor del producto en circulación.

Otro caso, cuando el residuo ya existe, es el uso de cáscaras de mejillones y almejas mezcladas con hormigón para construir diques costeros. Este material favorece la recolonización de fauna marina, ayudando a la renaturalización del ecosistema, a diferencia del hormigón convencional.

También destaca Iberital, fabricante de máquinas de café, que ha desarrollado equipos con piezas reacondicionadas. Para que el modelo sea viable, han creado una red local de talleres autorizados, evitando costes logísticos elevados y favoreciendo una reparación más eficiente y cercana.

C. Urbano: Estos ejemplos muestran una simbiosis industrial clara. Sin embargo, la normativa sigue siendo compleja: no todo es reutilizable ni legalmente reacondicionable. Es necesaria mayor seguridad jurídica y una ampliación del concepto de subproducto. Además, parece que la demanda de materiales circulares supera a la oferta.

C. Gasol: Así es. La economía circular no solo es sostenibilidad, también es resiliencia y competitividad, especialmente porque las materias primas importadas son cada vez más caras.

Las empresas están activas, pero la legislación a veces dificulta avanzar. Por ejemplo, el impuesto al plástico virgen ha incrementado la demanda y el precio del PET reciclado, convirtiéndolo en un material muy valioso.

Integrar la economía circular en la empresa, las claves para Carles Gasol

C. Urbano: En cuanto a palancas de cambio, ¿qué resulta más eficaz: impuestos o incentivos?

C. Gasol: El equilibrio es clave. Las subvenciones ayudan, pero solo funcionan si existe un valor de mercado real. En Cataluña, por ejemplo, los recursos para subvenciones provienen en gran parte de impuestos al vertido. Además, el residuo municipal ya no puede ir a vertedero, lo que impulsa su valorización.

El modelo se sostiene en tres pilares: mercado, legislación y financiación.

C. Urbano: La financiación es fundamental. En Aragón se ha creado recientemente un clúster de economía circular, lo que refuerza la colaboración y el aprendizaje conjunto.

C. Gasol: La colaboración es esencial. Experiencias como los clústeres permiten impulsar modelos de negocio de valor compartido, en los que las empresas crecen generando impacto positivo en su entorno. La sostenibilidad no es solo medioambiental, sino también social y económica.

C. Urbano: En este camino también hay errores. ¿Algún caso de aprendizaje?

C. Gasol: Un ejemplo es una empresa textil que intentó reutilizar toallas de gimnasios para fabricar mopas. El proyecto fracasó porque la cadena de gimnasios quiso vender ese residuo como materia prima, rompiendo la viabilidad económica.

La economía circular requiere alineación entre todos los agentes. Sin esa cooperación, los proyectos no prosperan, lo que lleva a algunas empresas a internalizar procesos para asegurar el control de la cadena de valor.

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