José Manuel Segura
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De La Crème: reúne a lo 'mejor de lo mejor'
"El consumidor está más informado, pero también es más exigente, cambiante y desconfiado. La oferta se ha ampliado significativamente y el cliente ahora es más infiel"
Decimos que somos lo que comemos… y nunca ha sido más cierto. La alimentación influye en nuestra salud, energía, creatividad y productividad. Y hoy, la industria alimentaria tiene un gran desafío: producir, distribuir y servir alimentos que sean saludables, seguros, sostenibles y atractivos, mientras responde a consumidores cada vez más exigentes.
En este De La Crème: ‘¿Sómos lo que comemos?’ del Club Cámara Zaragoza analizamos cómo la alimentación puede ser un aliado poderoso para la salud, el tejido empresarial empresarial y nuestro futuro como sociedad.
Pregunta: ¿Cómo pueden las empresas integrar la nutrición en su estrategia de bienestar y competitividad?
José Antonio Campos (Escuela de Cocina Azafrán): Existe en Aragón el programa Empresas Saludables, vinculado a la Declaración de Luxemburgo, centrado en la prevención de riesgos y la promoción de hábitos saludables.
Se impulsa la práctica culinaria y se ofrecen talleres tanto generales como dirigidos a personas con patologías, especialmente la obesidad.
Jorge Miranda (Ñaming): Hay una parte fundamental en el tema alimentario que es dar la formación a los empleados de cara a los alimentos, de poder informar de lo que es cada alimento, de las calidades de su equilibrio nutricional.
David Botaya (Aldelis): En la empresa se facilita fruta diaria y café, y los empleados traen su propia comida. La diversidad cultural, ya que tenemos 32 nacionalidades, enriquece los hábitos alimentarios. Y también hay máquinas de vending disponibles y accesibles.
P: ¿Qué avances tecnológicos han transformado la producción o distribución de alimentos?
Nacho Montal (Casa Montal): La digitalización ha transformado el sector: permite optimizar consumo, compras, mermas y transporte. La trazabilidad es ahora total, desde el origen del producto de fábrica hasta el punto de venta. Es absoluta.
Óscar García (Grupo La Mafia): La garantía del propio producto, el proceso, las bajas temperaturas… todo evoluciona constantemente. Y sobre todo, que minimicemos la merma.
José Rébola (Panishop): La gran innovación ha sido volver a hacer el pan como se hacía hace 10.000 años. La innovación ha consistido en recuperar técnicas tradicionales como la masa madre, mejorando el valor nutricional del pan. Hoy se entiende científicamente un proceso que antes era empírico.
D. Botaya: El uso de atmósfera protectora en el envasado, introducido en los años 90, duplicó la vida útil de los alimentos (de 7 a 15 días), mejorando la seguridad y reduciendo el desperdicio.
P: ¿Cómo han evolucionado las preferencias del consumidor?
N. Montal: El consumidor presta más atención a las etiquetas, composición, origen de los productos, si tiene aditivos, si es de un pequeño productor, etc. La gente busca identificar bien qué es lo que va a comer.
José Manuel Segura (Pastelerías José Manuel Segura): En los últimos años ha evolucionado mucho, especialmente entre los jóvenes. Las redes sociales han influido en la demanda de nuevos productos, algunos saludables y otros no. Esto nos ha obligado a nosotros también a meternos en ese mundo.
J. Rébola: El consumidor está más informado, pero también es más exigente, cambiante y desconfiado. La oferta se ha ampliado significativamente y el cliente ahora es más infiel.
P: ¿Qué papel juega la formación continua en la calidad y seguridad?
D. Botaya: La seguridad alimentaria es un pilar de la compañía. Tenemos certificaciones y sistemas de calidad muy exigentes, y todo el personal recibe formación exigente y adaptada a su puesto para poder trabajar en Aldelis.
J. M. Segura: Al ser una pastelería formamos parte de los sectores de alto riesgo, ya que trabajamos con muchos productos crudos. La formación debe ser continua y práctica, realizada in situ, ya que el exceso de teoría genera rechazo.
Ó. García: Se aplica la filosofía Kaizen de mejora continua, combinando acompañamiento y herramientas tecnológicas y técnicas.
J.M. Campos: La calidad depende del criterio profesional; la seguridad está más regulada, pero es necesario reforzar la formación en alimentación saludable y sostenible.
P: ¿Qué oportunidades de colaboración ves entre productores, distribuidores y restauración para construir una cadena alimentaria más saludable y sostenible?
Ó. García: Lo veo todo y muy cristalino. Los conocimientos que tenemos con los distintos KPIs y tendencias hacen que veamos muy bien los formatos a consumir para minimizar la mermar. Trasladar ese conocimiento de las tendencias es la colaboración que tenemos que tener.
J. M. Campos: Nosotros trabajamos ahora mismo en un proyecto europeo de innovación para formar a emprendedores del ámbito rural para que tengan conocimiento de sus alimentos y tradiciones culinarias, adaptándolas a los gustos del siglo XXI.
J. M. Segura: Los productores y la distribución tenemos que trabajar juntos para educar al público en general. A veces se demandan cosas que no interesan por saludabilidad; si les enseñásemos los beneficios de un tipo de alimento u otro, acabaríamos ganando todos, las empresas y el público.
P: Una pequeña confesión: si somos lo que comemos, ¿qué alimento serías?
N. Montal: He pensado que podríamos ser un buen aceite de oliva virgen extra de Aragón, que es un producto puro y sencillo, pero con unas cualidades impresionantes.
J. Rébola: Yo lo tengo muy claro, yo sería un buen bocadillo con un buen pan, porque ahí dentro cabe todo: carne, pescado, mezclas… Es algo súper abierto y entraría dentro de la dieta mediterránea equilibrada.
J. Miranda: Un sándwich de pollo curry con lechuga fresca y almendra, porque es un alimento con mucho sabor y nutricionalmente muy equilibrado.
El ‘De La Crème’ contó con la participación de Coloriuris, patrocinadores de este formato y empresa encargada de «certificar lo que ocurre en internet».