Enrique Torguet
Grupo Agora
"Lo importante es escoger bien ese ámbito de actuación y ser coherentes con el propósito si realmente queremos generar resultados positivos en la sociedad."
Las fundaciones empresariales han dejado de entenderse únicamente como instrumentos de filantropía o reputación corporativa para convertirse en estructuras con un propósito cada vez más definido. Y su papel actual pasa por identificar un ámbito de actuación concreto, trabajar con transparencia y generar un impacto real y medible en la sociedad.
Por ello, las fundaciones vinculadas a la tecnología aparecen como una herramienta capaz de abrir oportunidades, mejorar la empleabilidad y responder a algunos de los grandes retos sociales del presente.
Conocemos más sobre ello de la mano de Sandra Parrilla, directora de Fundación Hiberus, en esta entrevista en el formato Zaragoza Marca del Club Cámara Zaragoza junto a Enrique Torguet.
Sandra Parrilla: Es una combinación de factores. Cuando una compañía decide crear una fundación, suele haber un propósito de impacto social, normalmente relacionado con la actividad de la propia empresa. También existe una voluntad de cuidar la imagen de marca, de hacer algo positivo para la sociedad y de ir más allá del negocio.
Hace años hubo cierta tendencia a utilizar las fundaciones como una forma de limpiar la imagen de marca, lo que se conoce como greenwashing. Pero actuar sin un propósito real y sin resultados concretos no tiene sentido. Actualmente, las fundaciones estamos más enfocadas en hacer cosas que, sean muchas o pocas, tengan un porqué, un sentido y un resultado.
S. Parrilla: Antes estaban más relacionadas con familias o patrimonios que buscaban apoyar causas sociales. Ahora vemos que las fundaciones escogen un ámbito de actuación concreto: no todo vale.
Esto hay que explicarlo a la sociedad y también a las propias compañías, porque cuando hablamos de organizaciones sin ánimo de lucro parece que todo cabe. En nuestro caso no es así. Fundación Hiberus está centrada en la tecnología, pero con una visión profundamente humanista. Otras fundaciones trabajan en causas sociales, deportivas, culturales o educativas.
Lo importante es escoger bien ese ámbito de actuación y ser coherentes con el propósito si realmente queremos generar resultados positivos en la sociedad.
S. Parrilla: No creo que sea una visión injusta. Hay que verlo con naturalidad, siempre que la intención sea positiva. En nuestro caso, Hiberus crea una fundación con un propósito social. Fundación Hiberus es una extensión de la compañía en el sentido de que nace de ella, aunque somos dos organizaciones diferentes, con equipos, estrategias y acciones propias.
Hiberus nació en 2012 como compañía tecnológica y ha tenido un crecimiento muy importante, tanto en cantidad como en calidad. Actualmente cuenta con más de 4.500 empleados y presencia en distintos países. En ese contexto, se buscó la manera de devolver a la sociedad parte de lo que la compañía estaba aprendiendo y generando.
Así nace Fundación Hiberus: como una organización social que pretende devolver conocimiento tecnológico a la sociedad. Somos muy cercanos a la compañía y lo llevamos con orgullo, pero tenemos una estrategia propia. Si la compañía se siente orgullosa de lo que hacemos, bienvenido sea.
S. Parrilla: Si las fundaciones operan bien, no debería haber lugar para la duda, porque estamos muy reguladas. No se puede generalizar. Hay fundaciones brillantes que son ejemplo e inspiración, y otras que pueden hacerlo mal, como ocurre en cualquier ámbito. Pero las fundaciones estamos reguladas por organismos autonómicos y estatales. Tenemos obligaciones de planificación, presentación de informes, auditoría de cuentas y transparencia fiscal.
Por ejemplo, en Fundación Hiberus trabajamos con antelación el plan de actuación y el presupuesto del año siguiente. El patronato debe aprobarlo y después se informa al organismo correspondiente. También se presenta el cierre del ejercicio, con cifras y actividades. Todo debe estar justificado y documentado.
S. Parrilla: No lo veo así. Muchas veces ese debate surge por desconocimiento o por casos puntuales que llaman mucho la atención.
En Fundación Hiberus tenemos una financiación soportada principalmente por entidades privadas. También hemos hecho cosas de la mano de la administración pública, pero no pretendemos cubrir ningún hueco que deje nadie, ni público ni privado.
Una fundación, si quiere hacer bien las cosas, debe partir de su propósito fundacional. A partir de ahí define su plan de actuación, sus objetivos y, después, busca socios financieros y socios de acción para desarrollar sus actividades.
S. Parrilla: No es fácil. El indicador depende del plan de actuación y del ámbito de cada fundación. Si una fundación trabaja en educación con niños en riesgo de exclusión, un indicador puede ser cuántos niños han recibido formación. En nuestro caso, tenemos varias líneas de actuación: vocaciones tecnológicas, emprendimiento, impacto social, divulgación y alianzas. Cada una tiene indicadores diferentes.
Pero hay un indicador común que para mí es importante: el estado y volumen de trabajo del equipo. Si el equipo está bien, comprometido y el plan de actuación avanza, eso ya indica que las cosas van por donde tienen que ir.
S. Parrilla: Entré en el minuto uno, no en el minuto cero. Hiberus se plantea crear una fundación en 2019 con una idea clara: devolver a la sociedad lo que la compañía estaba aprendiendo en tecnología, en forma de conocimiento.
El propósito inicial fue formar a tecnólogos para mejorar la empleabilidad. Eso funcionó, pero cuando llegué en 2022 quisimos dar un acento mucho más social. Queríamos salir del ámbito más interno de la formación técnica y abrirnos a la sociedad.
En 2024 creamos una estrategia a tres años con un lema claro: “Conectamos personas y tecnología con el objetivo de construir un futuro con más oportunidades para todas las personas”.
A partir de ahí definimos varias líneas estratégicas: fomento de vocaciones científico-tecnológicas, formación para la empleabilidad, emprendimiento digital, proyectos de impacto social, divulgación y alianzas.
S. Parrilla: La tecnología avanza tan rápido que, incluso quienes trabajamos en empresas tecnológicas, a veces no somos capaces de ir al mismo ritmo. Antes una compañía podía tardar dos o tres años en explotar una tecnología. Ahora hablamos de semanas. Por eso creo que hay que poner el acento en los extremos: niños, niñas y jóvenes, por un lado, y personas mayores, por otro.
Son colectivos que, por distintos motivos, pueden estar más alejados de la realidad donde se desarrolla y aplica la tecnología. Nosotros estamos poniendo mucho foco en la educación infantil y juvenil en torno a estas herramientas.
S. Parrilla: Exactamente. Lo que se enseña en las aulas es valioso, pero la tecnología avanza tan rápido que las organizaciones educativas no siempre pueden adaptarse con la misma velocidad.
En Fundación Hiberus tenemos programas educativos y universitarios propios para cubrir esos huecos formativos. Creemos que hay que trabajar desde edades tempranas el razonamiento lógico, el pensamiento crítico y el uso seguro de la tecnología.
Los niños nacen ya rodeados de tecnología. Eso tiene beneficios, pero también riesgos vinculados a la ciberseguridad, la protección de datos y la ética. Por eso intentamos equilibrar competencias transversales, como la reflexión, la tolerancia a la frustración o el trabajo en equipo, con las oportunidades que ofrece la tecnología.
S. Parrilla: Lo imagino multiplicado. Estamos sentando una base muy potente con nuestros programas.
Tenemos una estrategia clara, estructurada en seis líneas de actuación, y un plan de crecimiento a dos años con el que prevemos prácticamente duplicar la fundación. Queremos llevar nuestros programas educativos y sociales lo más lejos posible, siempre de la mano de los mejores socios.
S. Parrilla: Pasarían muchas cosas no positivas. Hay muchas fundaciones trabajando en aspectos sociales, culturales y educativos de gran calado. No va a pasar, pero si pasara, tendríamos que ponernos las pilas, porque las fundaciones hacen cosas muy potentes y necesarias.
S. Parrilla: Les diría que, si quieren empezar, pueden apoyarse en fundaciones que ya existen e invertir en ellas. Pero, sobre todo, les recomendaría acercarse a una fundación que admiren y conocer su día a día.
Hace unos días clausuramos un programa formativo en Inteligencia Artificial para alumnado de un colegio de necesidades especiales de Zaragoza. Fue muy emocionante ver cómo niños y niñas con necesidades especiales eran capaces de dialogar con la inteligencia artificial de una manera ética, segura y creativa.
Mi recomendación sería esa: escoger una fundación que les inspire, visitarla y ver de cerca lo que hace. Ahí encontrarán muchas de las razones que necesitan.