Además, el trabajo realizado en colaboración con ST Superficies y el programa PADI ha permitido estudiar el desgaste de los materiales y cómo este influye en la resbaladicidad a lo largo del tiempo. «Los estudios de ensayo acelerado realizados en el ITA han mostrado resultados prometedores para predecir posibles problemas de seguridad en los pavimentos», señala.
No obstante, la resbaladicidad no solo es una cuestión científica, sino también un desafío para los ingenieros y proyectistas de obras. Juan Manuel Bernad, CEO de CADISA – SISENER, apunta sobre cómo la resbaladicidad influye en distintos tipos de proyectos de edificación, urbanización y en instalaciones como piscinas.
Uno de los aspectos que Bernad subraya fue la falta de rigor en la ejecución de proyectos. «A menudo, los proyectistas nos basamos en las fichas técnicas de los fabricantes, pero estas no siempre reflejan la realidad de la obra. Deberíamos realizar más auditorías y mapas de riesgo en las áreas donde ya se han producido caídas», indica.
Normativa, ciencia y mantenimiento para evitar la resbaladicidad
La clave para evitar accidentes no solo radica en la elección del material, sino en su mantenimiento a lo largo del tiempo. «Un pavimento no se comporta igual al principio que cuando pasa el tiempo», comenta Darío Navarro, CEO y fundador de ST Superficies, quien advierte que los problemas de seguridad pueden surgir cuando los materiales no se revisan ni se mantienen correctamente.
Pero, ¿cuál es la vida útil de un pavimento? Canales señala que materiales como los polímeros tienen una vida útil más corta que materiales más resistentes como la piedra. Además, los factores externos, como el desgaste o las condiciones climáticas, juegan un papel fundamental en el deterioro de los pavimentos. «La vida útil de un material depende de su agresividad de uso. En instalaciones deportivas, por ejemplo, el desgaste es mucho mayor», afirma.
En proyectos de urbanización, añade Bernad, puede ser de 25 a 30 años, pero este periodo debe ir acompañado de un adecuado mantenimiento para asegurar que el suelo mantenga sus características antideslizantes. Igualmente, en el mismo nivel de importancia y necesidad, Bernad propone que la legislación incluya la obligatoriedad de realizar inspecciones periódicas para verificar que los pavimentos siguen cumpliendo con las normativas de seguridad. «No tiene sentido que haya una normativa tan estricta durante la fase de construcción y que luego no se exija el mantenimiento adecuado durante la vida útil de los pavimentos», sostiene.
Así, para garantizar la seguridad, se debe priorizar la prevención. Algo que implica no solo seleccionar materiales adecuados en la fase de diseño, sino también realizar inspecciones periódicas, auditorías y planificación de mantenimiento para asegurar que los pavimentos mantengan sus características antideslizantes a lo largo del tiempo.