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Definida como el órgano encargado de fiscalizar la actividad económico-financiera del sector público aragonés, autonómico y local, la Cámara de Cuentas de Aragón vela por su adecuación a los principios de legalidad, eficacia y eficiencia.
En este Red Pública del Club Cámara Zaragoza, conocemos más sobre la Cámara de Cuentas de Aragón y Jesús María Royo, presidente de la institución desde 2024.
Jesús Royo parte de una convicción básica: la transparencia no es un trámite sino un compromiso medible. Por ello, aterrizando los cometidos de la Cámara de Cuentas de Aragón, señala que “Nuestra labor es observar que los fondos públicos se aplican como señala la norma”. Una afirmación que condensa el porqué de un órgano que, pese a su juventud en el marco autonómico, hunde sus raíces en el viejo maestre racional de 1410.
Y es que, como apunta Royo, la Cámara de Cuentas de Aragón tiene un precedente de hace 605 años, aunque del pasado toma solo la legitimidad. El presente, insiste Royo, va de tres pilares: control de legalidad, análisis económico-financiero y, cada vez más, fiscalización operativa. “La pregunta es si los servicios públicos se prestan con eficacia y eficiencia”, subraya.
Una tercera vía que, precisamente, marca su agenda. En 2025, han puesto el foco en ciberseguridad y en la gestión de emergencias, y preparan la publicación de informes con impacto directo en la conversación pública, como La Romareda o INAGA. No se trata solo de “mirar cuentas”, sino de evaluar políticas. “Cualquier política pública es susceptible de análisis: medio ambiente, movilidad o ruido”, comenta.
Actualmente, la Cámara de Cuentas de Aragón está compuesta por 35 profesionales, cinco equipos de auditoría y un presupuesto cercano a 3’8 millones de euros. Frente a esa capacidad, el perímetro es gigantesco. “Fiscalizamos la totalidad de la administración pública aragonesa: comunidad autónoma, Universidad de Zaragoza, ayuntamientos, comarcas, mancomunidades, sociedades públicas y fundaciones”, enumera Royo.
Abarcar todo resulta prácticamente imposible, pero el diseño del trabajo incorpora dos palancas: priorización y coordinación. Por un lado, las Cortes de Aragón marcan gran parte del programa; por otro, la Cámara de Cuentas propone asuntos y coopera con homólogos autonómicos y con el Tribunal de Cuentas. “Todos nuestros informes se notifican al Tribunal; si aprecian alcance, abren enjuiciamiento contable”, explica.

Aunque Aragón esté en su nombre, la Cámara de Cuentas también dialoga con Europa. Royo ha impulsado un eje transfronterizo con Occitania y Nueva Aquitania para evaluar emergencias, y mira fuera para contrastar enfoques. “En Estados Unidos centran la contratación en la ejecución, no tanto en la fase preparatoria”, cuenta.
Un contraste que le sirve para enunciar una reflexión doméstica: “Soy muy crítico con el marco de contratación. Una ley con más de 100 artículos es una mala ley”. Su tesis no se queda en el eslogan. A los pequeños municipios, dice, la Ley de Contratos les resulta inabordable, genera cuellos de botella y eleva riesgos de error y de responsabilidad. La respuesta de la Cámara será pedagógica. “Buscamos recomendaciones lo más didácticas posibles, extrapolables a otras administraciones”, remarca.
Además, esta vocación se concreta en una medida estructural: la creación de una unidad de asesoramiento específico para entidades locales, con dos funciones principales. Primero, apoyo técnico cercano a los más de 800 ayuntamientos aragoneses con plantillas mínimas y puestos de secretaría-intervención de alta rotación. Segundo, seguimiento de recomendaciones para que no queden en letra muerta. “La Cámara debe estar más cerca de ellos”, insiste. Buscando así que la Cámara de Cuentas de Aragón siga trabajando por ser una institución más didáctica, más operativa y más próxima a los municipios.
Igualmente, Royo no olvida la importancia del plano formativo y tecnológico, identificando a la Inteligencia Artificial como herramienta fundamental. “Llevamos meses formando al personal y probando tecnologías”, explica. Todo ello con un objetivo práctico: automatizar trabajos recurrentes como la Cuenta General, reducir plazos y acercarse a una supervisión casi en tiempo real, con salvaguardas de seguridad y protección de datos. «No podemos llegar todavía, pero estamos en el camino”, afirma mirando con esperanza al futuro de la institución.