Desde la educación temprana en tecnología hasta la soberanía tecnológica europea, pasando por la colaboración con pymes, grandes compañías, emprendedores y administraciones, Esther Borao defiende una idea constante: la innovación solo tiene sentido si permea en la sociedad y ayuda a resolver problemas reales.
En un momento en el que Aragón se juega parte de su futuro económico en su capacidad para innovar, atraer talento y convertir la tecnología en oportunidades reales para las empresas, la figura del Instituto Tecnológico de Aragón gana peso estratégico. Pero detrás de esa institución, hoy convertida en una de las palancas más relevantes del ecosistema regional de I+D+i, hay también una trayectoria personal marcada por la curiosidad, el emprendimiento y una forma muy concreta de entender la innovación: como herramienta útil, cercana y transformadora.
Conocemos más sobre Esther Borao, Directora General del Instituto Tecnológico de Aragón, en una nueva edición del formato Red Pública del Club Cámara Zaragoza conducido por José Ignacio Águila, CEO de Nexio.
La vida antes del Instituto Tecnológico de Aragón para Esther Borao
Responsable de una organización conformada por un equipo de 350 personas, Esther Borao tiene clara la visión del papel que deben jugar los centros tecnológicos en un territorio que aspira a crecer con base industrial, digital y científica como es Aragón.
Su propia biografía ayuda a entender esa mirada. Ingeniera industrial formada en la Universidad de Zaragoza, con estancias en Varsovia y Sevilla, reivindica con convicción el valor de salir fuera durante la etapa formativa. “Yo lo haría obligatorio”, afirma al recordar aquellas experiencias, no solo por el idioma o los estudios, sino por todo lo que suponen en términos de autonomía personal, apertura cultural y capacidad de adaptación. “Te abre mucho la mente a cosas que si estás en tu ciudad con la misma gente de siempre, no puedes conocer”, explica.
Un impulso por explorar otros caminos que ha estado muy presente en toda su trayectoria. Antes de llegar al Instituto Tecnológico de Aragón en 2019, Esther Borao pudo acumular diferentes experiencias profesionales, desde la empresa industrial y tecnológica hasta el equipo de ciencia de El Hormiguero, un paso profesional que le permitió trabajar en un entorno creativo y exigente.
Sin embargo, lo que realmente movía su visión profesional era la posibilidad de unir ámbitos que con frecuencia se presentan como separados: arte, tecnología, educación e innovación. Como no encontraba una estructura en la que desarrollar esa combinación, optó por emprender. Así nacieron proyectos como Innovart, The Ifs o Academia de Inventores, iniciativas orientadas a acercar la tecnología a niños y jóvenes desde enfoques creativos y accesibles. En esa etapa, comenta, ya estaba presente el hilo conductor que sigue marcando hoy su trabajo: “Intentar que la gente tenga otra mirada de cómo son las cosas, cómo la tecnología les puede ayudar”.
Aterrizaje en el ITA: retos y permeabilidad por todo el territorio
El bagaje emprendedor y divulgador de Esther Borao aterrizó en 2019 en una institución de muy distinta escala. El salto al Instituto Tecnológico de Aragón no fue sencillo. Borao recuerda que los primeros meses fueron bastante complejos, y es que pasar de emprendedora a a liderar una estructura de más de 200 personas entonces, hoy ya son 350, exige una adaptación acelerada. Pero, con el tiempo, encontró en el Instituto un espacio especialmente útil para su personalidad inquieta: “Para una persona que es curiosa, que le gusta aprender cosas, es un lugar maravilloso”.
En este sentido, sintetiza la misión del Instituto Tecnológico de Aragón en tres palabras, “Aprende, transforma, impacta”. Una fórmula que resume bien el papel que quiere proyectar para el centro tecnológico: aprender de las tendencias y de la frontera del conocimiento, acompañar a las empresas en sus procesos de transformación y, a partir de ahí, generar impacto positivo en la sociedad. No se trata únicamente de prestar servicios o resolver necesidades puntuales, sino de actuar como un socio tecnológico que ayuda a elevar el nivel competitivo del tejido productivo, especialmente de las pymes aragonesas.
Por otro lado, el Instituto no quiere limitarse a intervenir en proyectos aislados, sino ser “activador de proyectos grandes y retantes”, capaces de conectar a grandes compañías tractoras, pymes, startups y universidades. Borao pone como ejemplo el proyecto IA for Q, impulsado junto a Stellantis y centrado en la aplicación de Inteligencia Artificial a la calidad industrial. Ese tipo de iniciativas, explica, permiten movilizar ecosistema y construir capacidades que una empresa pequeña difícilmente podría desarrollar por sí sola.
La hoja de ruta del Instituto para los próximos años también responde a esa lógica, y Borao sitúa la colaboración y el impacto territorial como dos de los grandes ejes del plan estratégico 2025-2028. El objetivo, dice, es que las infraestructuras de innovación no se queden concentradas en Zaragoza, sino que contribuyan a “permear la innovación” en todo el territorio.
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