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Un animado debate... mientras dure el jamón. Colaboran: Ambar, Coca Cola, Bodegas Bodem, Aire Sano y Martin Martin
La última sesión de 'Lo que dure un jamón' reunió a directivos y empresarios para hablar, sin filtros, de liderazgo, presión, errores, renuncias y decisiones que marcaron el rumbo de sus compañías y de sus vidas
Las decisiones más importantes de una empresa rara vez se anuncian en LinkedIn. Detrás de cada crecimiento, cada transformación o cada éxito empresarial existen momentos de incertidumbre, renuncias personales y decisiones difíciles que pocas veces trascienden. Sobre esa realidad giró la última sesión de Lo que dure un jamón, el formato más cercano y participativo del Club Cámara de Zaragoza.
Bajo el título “Decisiones difíciles: lo que no se ve del CEO”, la sesión reunió a empresarios, consejeros delegados, fundadores y directivos para reflexionar sobre la cara menos visible del liderazgo: la soledad, la presión, los errores, la responsabilidad o el equilibrio entre vida personal y profesional.
El encuentro estuvo moderado por Félix Longás, consultor de estrategia empresarial, y contó con la participación de Luis del Corral, presidente de Confecciones Oroel, y Jorge Blasco, CEO de Embou, quienes compartieron experiencias personales y profesionales con una honestidad poco habitual en este tipo de foros.
“Vamos a desnudarnos un poco y a contar los problemas reales a los que nos hemos enfrentado”, planteó Félix Longás al inicio del encuentro. Una invitación que rápidamente aterrizó en experiencias especialmente complejas.
Para Luis del Corral, el momento más duro llegó durante la crisis en 2011: “La decisión más difícil que he tenido que tomar fue despedir al 50% de la plantilla”. Una medida dolorosa, pero necesaria para asegurar la supervivencia de la empresa: “Decidimos dejar una columna vertebral que permitiera que el cuerpo volviera a moverse cuando todo fuese bien”.
En el caso de Jorge Blasco, las dificultades llegaron por otro camino: la necesidad de reinventar el crecimiento en un contexto poco favorable. Ante la imposibilidad de desplegar fibra óptica en Zaragoza por limitaciones normativas, Embou optó por una decisión inesperada: llevar la fibra a pequeños municipios de menos de 100 habitantes. “Fue así como pudimos seguir creciendo”, recordó. Una apuesta estratégica que acabó convirtiéndose en una ventaja competitiva.
La conversación abordó también uno de los aspectos más complejos de la dirección empresarial: la soledad del liderazgo. “En las empresas pequeñas, los CEO son hombres orquesta; en las grandes, el brazo ejecutor de la propiedad”, resumió Longás.
En ese contexto, mantener la motivación y sostener emocionalmente al equipo se convierte en parte del trabajo diario. “Todos los CEO somos inconformistas”, señaló el moderador, quien reconoció que “hay historias que se van contigo y nunca se podrán contar”.
A pesar de ello, ambos ponentes coincidieron en que las mayores satisfacciones siguen estando ligadas a las personas. Para Del Corral, ver que trabajadores con décadas de antigüedad continúan en la empresa es uno de sus mayores orgullos. “Las alegrías hay que compartirlas con el equipo”, defendió.
Jorge Blasco también puso el foco en la dimensión humana: “Lo que más me gusta es el trato personal. Es donde más problemas he tenido, pero también donde más alegrías”. Su objetivo, aseguró, es que “todos los días Embou sea una fiesta”.
El debate dejó espacio para reflexionar sobre el precio personal del liderazgo. “Cuando monté una empresa buscaba calidad de vida”, confesó Blasco. “No sabía lo que hacía y, por supuesto, no tenía nada de eso”. Tras años de esfuerzo y aprendizaje, asegura haber encontrado un mayor equilibrio y reconoce que hoy prioriza pasar tiempo con su familia frente a seguir creciendo a cualquier coste.
Luis del Corral compartió una reflexión especialmente íntima sobre el tiempo dedicado a su hijo: “Me arrepiento de no haber estado más presente”. Aunque con el tiempo, explicó, entendió que el esfuerzo realizado también formaba parte de la seguridad que podía ofrecerle.
Para Félix Longás, mantener una vida equilibrada es imprescindible para sostener la presión empresarial: “Nadie se cree que cuando estamos fuera nos olvidamos de la empresa”.
A lo largo de la conversación surgieron algunas de las cualidades que, en opinión de los ponentes, definen a un buen líder empresarial. Perseverancia, esfuerzo, constancia y capacidad de adaptación fueron algunas de las más repetidas. “Soy analfabeto estructural en tecnología”, bromeó Del Corral, explicando cómo ha tenido que aprender informática e inteligencia artificial por su cuenta para seguir evolucionando. Una muestra de que el aprendizaje continuo también forma parte del liderazgo.
En cuanto a los consejos para futuros directivos, ambos coincidieron en la importancia del equipo y del equilibrio personal. “Es fundamental crear un buen equipo y pagarle bien”, señaló Blasco, quien también recomendó “buscar apoyo externo y asesorarse con gente experta”.
Longás cerró esta parte con una idea que resonó entre los asistentes: “Es bueno equivocarse si aprendes”.
Los Minutos de oro aportaron nuevas perspectivas sobre el liderazgo y la toma de decisiones. Raúl Rodrigo (EY), defendió la importancia de “rodearse de voces discordantes para no estancarse”, mientras que David Álvarez (Deloitte), insistió en que “hay que ser honesto aunque duela”. Varias intervenciones recordaron el impacto humano de ciertas decisiones empresariales. Jesús Arruga (Linamark) compartió la dureza de afrontar un ERE de 300 personas: “Hay que ser consciente de que la decisión que tomas es la correcta”.
El peso de los negocios familiares también estuvo presente. Chus Verón (Viveros Verón) habló de la responsabilidad de recibir y transformar un legado, mientras que José María Segura (Pastelerías Manuel Segura), recordó cómo su empresa logró superar momentos muy difíciles gracias al apoyo familiar.
La adaptación al cambio fue otro de los grandes temas. Yanira Vallejo (Qualimetal) explicó el reto de compaginar su papel de CEO con la maternidad y gestionar la salida de perfiles veteranos. Víctor Ceniceros (Golive) reflexionó sobre cómo “no todas las personas encajan en todas las etapas del crecimiento”. Por su parte, Luis Tolosa (Maseeds Iberia) dejó uno de los mensajes más personales de la jornada: “Nadie le dice a un CEO cómo tiene que ser. Tiene que ser él mismo”.
Una sesión sincera y poco convencional que volvió a demostrar el espíritu de Lo que dure un jamón: crear conversaciones reales entre empresarios y directivos sobre aquello que rara vez aparece en los titulares, pero que define el verdadero día a día de quienes lideran empresas.