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Berta Guerrero: «La discapacidad intelectual sigue siendo la que menos oportunidades laborales tiene»

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Vermú Club: Un aperitivo con un empresario de referencia

Casi medio siglo después de su origen, Fundación los Pueyos sigue guiándose por una misma idea: escuchar, acompañar y avanzar hacia una sociedad donde la inclusión deje de ser un reto pendiente para convertirse en una realidad compartida.

En un contexto en el que la inclusión sigue siendo uno de los grandes desafíos sociales, la trayectoria de Berta Guerrero ofrece una mirada profunda, construida desde la experiencia y el compromiso cotidiano. Al frente de la Fundación Los Pueyos desde 2018, su historia personal y profesional se entrelaza con la evolución de una entidad que ha sabido crecer al ritmo de las necesidades de las personas con discapacidad intelectual y sus familias, consolidándose como un referente en Aragón.

Lejos de los discursos abstractos, su visión se articula desde lo vivido: una infancia marcada por la convivencia natural con la diversidad, una dirección asumida como continuidad lógica y una defensa firme de un modelo centrado en derechos, autonomía y calidad de vida.

Conocemos más sobre Berta Guerrero, directora general en Fundación Los Pueyos, en este Vermú Club del Club Cámara Zaragoza.

De la infancia al liderazgo: una vida dentro de Fundación Los Pueyos

Hablar de Berta Guerrero es profundizar en una historia que no comienza con su nombramiento como directora general en 2018 de Fundación Los Pueyos, ni siquiera con su formación como psicóloga, sino mucho antes. “He crecido dentro de Los Pueyos, nací con el proyecto creado”, afirma. En su caso, la vocación no fue una decisión tardía, sino un entorno vital. La Fundación Los Pueyos formaba parte del día a día familiar: conversaciones en casa, fines de semana en las instalaciones, vínculos personales con quienes formaban —y siguen formando— parte de la entidad. “Hay personas que trabajan en la Fundación que me han visto crecer desde que era un bebé”, recuerda.

Por ello, asumir la dirección fue, más que un salto, una consecuencia natural. Su padre fue uno de los impulsores del proyecto y su madre, profesora de educación especial, completaba un entorno donde la discapacidad intelectual no era una realidad ajena, sino integrada con absoluta normalidad. “Me siento una afortunada por haber crecido y convivido en esa realidad tan inclusiva”, comenta. Aunque en su familia no había casos de discapacidad intelectual, la convivencia constante con este colectivo generó una mirada profundamente igualitaria, que hoy intenta trasladar también a sus propios hijos, a quienes lleva a la Fundación Los Pueyos para que crezcan en ese mismo contexto.

La historia de Los Pueyos responde a una lógica que Guerrero resume con claridad: escuchar y evolucionar. El proyecto nació como una iniciativa educativa impulsada por su padre, pero pronto comenzó a ampliarse en función de las necesidades reales de las personas y sus familias. “Hemos ido cubriendo las necesidades de las personas”, explica. Así, a partir de ese origen educativo se fueron desarrollando recursos como viviendas tuteladas, programas de empleo o servicios de apoyo en distintas etapas vitales.

Hoy, la Fundación atiende a cerca de 900 personas al año, lo que da cuenta de su crecimiento y de la amplitud de su intervención. Desde la infancia hasta la edad adulta, el foco se mantiene en la persona y en su calidad de vida, entendida no solo como bienestar físico, sino como desarrollo integral, autonomía y participación social. Un enfoque que ha convertido a Los Pueyos en un referente en Aragón, tanto por su impacto social como por su modelo de atención centrado en derechos.

Berta Guerrero y el desafío pendiente de la inclusión real

Berta Guerrero reconoce los avances importantes en la atención a personas con discapacidad intelectual, especialmente en territorios como Aragón, donde “hay una red de asistencia muy importante por garantizar los derechos de las personas con discapacidad”. Sin embargo, insiste en que aún queda camino por recorrer. “Socialmente queda una asignatura pendiente en materia de inclusión”, afirma con contundencia. Y añade una reflexión que interpela directamente a la sociedad: “Cuando hablas de inclusión es porque antes has excluido”.

Para ella, el desafío no es solo institucional, sino colectivo. La inclusión real pasa por un cambio cultural que implique a todos los ámbitos: educativo, empresarial y social. “Hay que hacer una llamada a la autorreflexión para que todos podamos poner un granito de arena”, subraya. En este sentido, la labor de entidades como Los Pueyos no puede limitarse a la atención directa, sino que debe extenderse a la sensibilización y la generación de espacios de encuentro.

Uno de esos ámbitos clave es el familiar. Y Guerrero insiste en la necesidad de reforzar el apoyo a las familias de personas con discapacidad intelectual, no solo desde una perspectiva asistencial, sino como acompañamiento continuo. “Hay que buscar espacios para compartir tiempo con las familias”, señala. Las instituciones, en su opinión, deben estar más cerca, entender las dinámicas cotidianas y ofrecer un respaldo que vaya más allá de la atención puntual a los usuarios.

El mundo empresarial es otro de los frentes en los que se juega la inclusión. Aunque reconoce que cada vez más compañías desarrollan políticas de responsabilidad social —favorecidas en parte por el marco legal—, Guerrero advierte de que la integración laboral plena está aún lejos. El principal obstáculo, a su juicio, es el desconocimiento. “Hay que conocer el ámbito de la discapacidad”, insiste, recordando que existen múltiples realidades y que la discapacidad intelectual es, precisamente, una de las que presenta mayores dificultades de acceso al empleo.

Formato patrocinado por Grupo Hierros Alfonso.