Magaiz ha recorrido casi un siglo de historia desde sus orígenes en un taller zaragozano hasta convertirse en una compañía especializada en ascensores, puertas automáticas y soluciones de accesibilidad. Su evolución refleja la de una empresa industrial aragonesa que ha sabido adaptarse a nuevas necesidades sin perder el vínculo con las personas y las familias que la hicieron posible.
Al frente de Magaiz está Ana Martínez, quien llegó a la empresa con apenas 19 años, casi por decreto ley de su padre, y encontró en aquellas primeras responsabilidades el comienzo de una trayectoria marcada por la constancia y la formación continua.
Conocemos más sobre Magaiz y Ana Martínez, CEO de la empresa, en este Vermú Club del Club Cámara Zaragoza.
Hacer crecer el legado de Magaiz sin perder las raíces
Magaiz ocupa un lugar propio en la historia industrial aragonesa. Sus raíces se remontan a los años veinte del siglo pasado y la sociedad actual nació en 1980 de la unión de tres empresas. Desde aquellos talleres hasta sus soluciones de ascensores, puertas automáticas y accesibilidad, la compañía ha evolucionado al ritmo de las necesidades de su entorno.
Los primeros años profesionales de Ana Martínez en Magaiz se enmarcan lugar en el sector del metal de la década ochenta, un entorno que, como cuenta, la curtió. En una organización mucho más pequeña que la actual, las funciones tenían fronteras difusas. «Todo lo que sonaba a papel caía en mí». Administración, documentación y nuevas obligaciones acababan sobre su mesa. Aquella figura de chica para todo le proporcionó una visión transversal del negocio.
De la misma manera, este carácter multidisciplinar despertó una inquietud que sigue acompañándola: formarse. El apodo de «Doña Cursos» resume a la perfección su disposición constante a buscar conocimientos y abrir ventanas al exterior. Y es que la formación le ha permitido contrastar ideas y encontrar respuestas a responsabilidades para las que necesitaba prepararse.
Ese aprendizaje continuo conecta con una concepción práctica de la innovación. Revisar una tarea, mejorar un proceso o detectar una necesidad también permite transformar la empresa. No obstante, entre risas, apunta que «sé hacer muchas cosas menos reparar un ascensor».
La trayectoria de Ana también ha recibido reconocimiento público: en 2021 obtuvo el Premio ADEA al Directivo de Aragón. Pero, al explicar su manera de trabajar, sitúa la constancia y el esfuerzo por delante de cualquier distinción: «Es más importante para la vida y para la empresa ser constante a inteligente».
Una decisión estratégica que cambió el rumbo de Magaiz
Una de las decisiones determinantes llegó antes de la crisis de la construcción. Dos años antes de 2008, Magaiz decidió apartarse de la obra nueva y concentrar sus esfuerzos en la rehabilitación y la instalación de ascensores en edificios existentes. Cuando el mercado se desplomó, aquella reorientación estratégica resultó decisiva para afrontar el golpe.
La elección tenía, además, un sentido social. Instalar un ascensor en una vivienda ya construida puede cambiar la autonomía de sus habitantes. Las puertas automáticas y los salvaescaleras responden a esa misma necesidad de facilitar la vida cotidiana. La cobertura de servicio las 24 horas, los siete días de la semana, exige sostener esa responsabilidad más allá de la instalación.
La continuidad también requería mirar hacia la propiedad. Magaiz reúne a cuatro familias sin parentesco entre sí, vinculadas por el proyecto empresarial. Durante años funcionaron con reglas respaldadas por la palabra y un apretón de manos. La profesionalización llevó a desarrollar un protocolo formal, el cual exigió año y medio de trabajo. «Hay que educar a las familias empresariales a que hay que apostar por profesionalizar la empresa», señala. En este sentido, acordar responsabilidades, condiciones de incorporación y mecanismos de decisión supone abordar conversaciones complejas, pero necesarias para proteger el futuro compartido.
Las nuevas generaciones y la crisis de contratación
Cuando Ana Martínez entró a formar parte de Magaiz, la empresa contaba con 21 personas; hoy son 86. Ese crecimiento convive con una dificultad que atraviesa el sector: encontrar profesionales técnicos. Una buena remuneración ya no basta, y la escasez repercute directamente en los plazos y en la capacidad de servicio.
«Es el gran reto de nuestro sector, por encima de la aplicación de la IA y el IoT, aunque la tecnología nos ayude a mejorar la productividad», afirma. Por ello, desde Magaiz están incorporando personal procedente de Perú en los últimos años, tratando de responder a esa necesidad vital de las organizaciones que buscan perfiles vinculados a los «oficios» de hace unas décadas.
Desde el prisma de empresa familiar, Ana apunta que «No se cuida lo que no se quiere». Una frase que hace referencia al vínculo que Ana considera necesario construir con las siguientes generaciones que entrarán a formar parte de Magaiz. Por ello, el foro de la tercera generación, la próxima en incorporarse a la compañía, busca acercarles a la realidad empresarial y darles herramientas para comprender el patrimonio que algún día deberán gestionar.
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